jueves, 20 de abril de 2017

“RETRATO"-Lengua

Mi infancia torpe y divertida en un valle de Ezcaray.
Olor a rosa empapada y café humeante entre mis mejillas.
Mi juventud alocada entre verdades y desengaños, donde mi cara cubierta por una máscara no deseaba ver lo que en el mundo pasaba.
Mi historia simple y certera, con abrazos detrás de la chistera.
Mis mejores momentos los breves y buenos.
Olor a lluvia.
Risas despeinadas entre las hojas secas de otoño.
Café humeante entre largas charlas errantes.
Y un: nunca dejes de reír y soñar; porque en este mundo de palabrería, nunca sabes quien intenta arrebatarte la alegría.
Mi peor recuerdo se desvaneció entre el viento primaveral para convertirse en un aprendizaje esencial.
Tengo un par de cuentas pendientes con los mosquitos que en verano no me dejan dormir.
¿Soy triste con vocación de alegre o viceversa o al revés?
Parezco confiada, pero lo cierto es que soy resalada.
He vivido ilusiones con sabor a chocolate que quedaron colgadas de mi quinta estrella.
Y vivo enamorada de la vida y bastante ida.
Sueño con poder volver al tartán donde perdí la valentía.
Espero correr hasta que el alma se desgarre y no le quede sitio para ningún amarre.
Ansío volver a tocar el cielo y comérmelo como si de algodón de azúcar se tratase.
Anhelo todo aquello que se perdió como un destello.
Camino, y no pienso buscar ningún destino.
Amo la luciérnaga que colgada de mis párpados aguarda.
Adoro el colibrí que perdí una noche de abril.
Admiro a todo aquel que acumula bocetos incompletos.
Rechazo las mentiras, son sortilegios que aprietan demasiado fuerte.
Odio la coliflor.
Desprecio a todo aquel que se sienta a ver pasar su vida. Mientras, yo viviré un rato.
Sonrío con pequeñeces.
Lloro con pequeñeces.
Y cuando logre quitar la venda que tras de mí se esconde, me enchufaré un cigarro con un café humeante entre mi mano.
Seré todo aquello que un día quise: ser feliz.
Y como sigo pisando las hojas secas en otoño, yendo a Ezcaray, sonriendo con pequeñeces, llorando con pequeñeces, amando el café... creo que lo conseguí hace días.
Así que voy a vivir un rato.

martes, 18 de abril de 2017

Mentiras.

Como cuando vas a un bar, y a otro, y a otro..Y dices: Venga va, la última y nos vamos.
Mentira.
O como cuando te quedas mirando una conversación y afirmas no echar de menos.
Mentira.
O como cuando me quedo mirándote, y te digo que no te quiero.
Mentira.

A veces decimos las cosas entre líneas.
En el primer caso, todos sabemos que siempre nos quedamos.
En el segundo, todos sabemos que olvidar es duro.
Y en el último caso, yo sé que ese “Yo no" significa un: joder, cuánto más te miro, más te admiro.
Llámame loca, pero soy de-mente salvaje, que piensa que la cordura es demasiado parecida a las cuerdas que la atan.

Y creo que ya va siendo hora de decirte que vayamos a echar la última al bar de la esquina, que cuando vea tus mensajes diré que ya te he olvidado mientras me muerdo los labios y te miro adimirándote.

martes, 21 de marzo de 2017

O eso creía yo

Sonaba la radio
Su canción favorita
O eso creía yo

Pasó por mi puerta
A soltar un “lo siento"
O eso creía yo

Le vi con ella unos instantes
Le dirá que no, que me quiere
O eso creía yo

Se ha ido
Pero volverá
O eso creía yo

Días solitarios
Le necesito
O eso creía yo

No volveré a bailar
No volveré a sentir
O eso creía yo

domingo, 19 de marzo de 2017

Querido Papá:

He mirado en el fondo de tus ojos.
He escuchado tu risa así como tus enfados.
Te he abrazo tan tan fuerte que todos mis miedos se han desvanecido de un plumazo entre sollozos.

Y hoy vengo a hablar de ti. Bueno, de ti y de mí, más bien.
No voy a contarte anécdotas de cuando tenía 5 años, te mentiría, porque aunque me gustaría, no las recuerdo como querría.
Sólo me vienen a la cabeza pequeños momentos en los que siempre estás presente. Y me encanta que seas tú y sólo tú, quien me ayude cuando yo no puedo.

Parón aquí, que vienen mis sustos(y los suyos):

Recuerdo hace cuatro años, una tarde como otra cualquiera en la que decidiste ir a ver una corrida de toros con mamá. Me ofreciste ir pero me negué a ello, no voy en contra de ellas pero es algo que prefiero no ver.
Volviendo al tema...ambos os dispusisteis a iros, era a las 5:30 cuando empezaba.
A las 5:35 una amiga tuya llamó a tu móvil.
Sí, papá, tu torpe hija se acababa de caer con los patines intentando ayudar a un niño y se había roto la muñeca. Irrumpí tu tranquila tarde y nos encontramos en el hospital. Te dije con tono irónico: mira qué de vueltas le doy, creo que podría acostumbrarme.
-Tranquila pequeña, esto acabará pronto. Se rió. Tuvo razón.

Hace casi dos años, 15 de mayo de 2015:
Hacía poco que practicaba atletismo en comparación con las otras chicas que llevaban desde los 6 años.
Yo tan sólo llevaba dos, y tenía en ese momento 14 años.
Era un día soleado, por la mañana, sobre las 12 o una cosa así.
Me disponía sobre mis tacos de salida a la espera del pistoletazo de salida y dar todo de mí en apenas unos segundos.
Sonó. Adrenalina. 100m. No es nada.
Podría haber sido una competición como otra cualquiera, pero por razón que desconozco, estaba más motivada que nunca.
50m. Segunda. A muy poco de alcanzar a la primera.
60m. ¡Zash!
Noté una extraña y muy dolorosa sensación en la cadera, tuve que pararme porque me era imposible seguir corriendo.
Mierda. Me cagué en Dios unos segundos. Esperé a que pasasen las demás e intenté andar unos pasos para salir de las calles y caer tendida al tartán.
Horas después estaba ingresada en la clínica de la federación. Rotura y desplazamiento de la pelvis. Mierda otra vez.
Las palabras de mi padre de nuevo: Tranquila, esto acabará pronto pequeña. Bajando al quirófano, un cura.
¿Que coño pinta aquí un cura?- pensé.
Pues bien, aunque suene a chirigota, no vino ni más ni menos que a darme la extrema unción(o como se escriba, que me da igual). De nuevo, me cagué en Dios, hablando en plata.
Ya podía acabar pronto papá, nunca antes estuve tan aterrada como en ese momento.
De nuevo tenía razón, salió bien dentro de lo que cabía.

Hace apenas unos meses:
-Papá, respiro raro.
-Vamos a Fuentes, igual no es nada.
Ir a Fuentes sólo sirvió para que me mandasen a casa otra vez.
Dos horas después, realmente, no podía respirar.
Mi padre volvió a parar en fuentes, no sé muy bien por qué no fue directo a Zaragoza.
Me pusieron una inyección en el culo y una mascarilla para respirar. Alergia.
El trayecto a Zaragoza fue duro, yo me ahogaba. Se me empezaron a poner los labios morados y mi cara, como yo, estaba muy cansada.
Puso en la ventanilla una tela, siempre lo hacía cuando iba al hospital conmigo. En ese momento repitió: Tranquila, esto acabará pronto pequeña.
Asentí casi sin poder.
Llegamos y me ingresaron.
A día de hoy son alérgica ni más ni menos que a 23 cosas. Y digo cosas porque ya me he perdido entre alimentos, pólenes y demás.
Pero de nuevo, mi padre tenía razón.

Hoy:
Gracias, infinitas.
Por haberme dado la mano y haberme dicho siempre la misma frase que me devolvía la vida.
Gracias por salvarme día a día y dejar que me equivoque sola y luego decir un: Te lo dije. (Típica puyita)
Por ser el hombre que eres y haberme hecho la mujer que soy. Por esto y mil cosas más, te quiero. Eres un superhéroe.
Espero que no tengamos que pasar por más momentos como esos, que sabes que soy un desastre con patas e imprevisible como yo sola. Pero tranquilo, tendré cuidado y daré esquinazo a cualquier miedo. Es fácil si te tengo al lado. Y sino, “tranquilo, todo acabará pronto pequeño”.

Feliz día, bonito.

martes, 7 de marzo de 2017

Era imposible, tan imposible como pedirte que te quedaras conmigo.

CAPÍTULO 1.

Marta tenía veintipocos; era esbelta, morena, ojos pardos, labios carnosos...Era fí

sicamente envidiable a la vista de las demás chicas, pese a que ella no valoraba apenas el físico. Siempre decía, que eso con el tiempo se acababa, igual que una flor marchitaba.

Cada verano, Marta se tomaba sus vacaciones en soledad para desconectar de los estudios y disfrutar de las pequeñas cosas de cada lugar.
Cuando se iba, dejaba un pedacito de ella en cada sitio al que viajaba.

Aquella era una mañana de verano en el mar de Llanes(Asturias), en la que el sol relucía sobre su fina piel a 35°C. De repente giró su cara unos instantes porque se estaba quedando medio tuerta del ojo izquierdo, y en ese momento y no en otro, observó como a unos pocos metros, un chico(más o menos de su misma edad) la miraba fijamente, sin apartar la vista ni un segundo.
Se hizo la loca y volvió a girar la cara a la posición adoptada inicialmente.
Si se cree que le voy a decir algo, la lleva clara- pensó.
Marta se pasó cerca de dos horas a pleno sol, hasta que empezaron a rugirle las tripas y como eso era algo que no soportaba, se dispuso a recoger sus cosas y marcharse a hacerse unos macarrones a su apartamento lo más rápidamente posible.
Una vez hubo recogido su toalla y demás complementos, al levantar la vista, vio a través de sus gafas de sol como aquel chico seguía en el mismo sitio, quieto como una estatua.
Pensó en hacer como que no le había visto.
-Pero no puede ser tan tonto, seguro que se ha dado cuenta.

Marta retiró las gafas de su cara y al pasar por su lado le tiró un par de monedas sueltas al suelo mientras le decía: -una estatua muy bien aguantada, aunque poco original diría yo.
El chico no pudo evitar reírse y Marta se quedó parada. No había visto nunca una sonrisa como aquella.
-Me llamo Kevin, un placer.
-Marta.
-¿No vas a decir nada más?
Se hizo la desinteresada faltando, incluso, al chico.
-No tengo que perder mi tiempo con un pícaro de playa que lleva más de una hora mirándome a mí y a saber a cuantas más cuando tengo un hambre terrible. Y si no la tuviese, tampoco, adiós.
-Hey, hey-la agarró del brazo.-De pícaro de playa nada, llevo una hora mirando a una única chica: Tú.
-Siento haberte incomodado, sé que es un poco raro y puede parecer mil y una cosa, no era mi intención. Hasta luego Marta, que tengas un buen día.
Marta volvió a quedarse parada, aquel desconocido le parecía interesante, y después de la última contestación, incluso educado.
Le había contestado de manera despectiva, por lo que no se sentía muy bien al respecto, tenía que arreglarlo de alguna manera. Ella también era educada, y sensata, y acababa de demostrar todo lo contrario.
-Perdoneme, no era mi intención hablarle de esa manera, me había sentido un poco incómoda mientras me miraba, de ahí mi reacción. ¿Le apetecen unos macarrones?
-Vaya, y ahora me tratas de usted y me invitas a comer señorita. Típica chica: montaña rusa
-¿Montaña rusa?-Marta se echó a reír como hacía tiempo que no hacía.- Bueno, ¿vienes o no?
-Un placer.

Nada más llegar al apartamento de Marta, Kevin quiso aclararle que vivía allí y que lo había pasado bastante mal desde que finalizó su última relación. Le dijo que cada mañana se paseaba por la playa en busca de alguna mirada que le devolviese la vida, y la suya lo había hecho torpemente bien. Casi sin querer.

Pasaron todo el día juntos, entre risas y más risas. Marta le confesó que la risa era la mejor medicina, y que a veces necesitamos menos de lo que creemos para ser felices.

Aquel día no fue el único que se vieron, porque durante todo ese mes, cada mañana, Marta iba al acantilado de aquel pueblecito de playa a buscarle. Era su sitio, el sitio en el que ambos se olvidaban del correr de las horas.

Poco a poco, Kevin ocupó sus manos, su caricia, su cintura, y toda su alma.

Acabó el verano y Marta tenía que volver a Zaragoza, a su casa. Se lo explicó a Kevin y éste le gritó diciéndole que si le iba a abandonar, que si ya no le quería.
La chica quedó extraña ante tal situación, pero no le dio importancia, y le hizo caso. Kevin era lo que más quería en la vida.

Horas después, llamó a su madre y le contó lo sucedido en el verano. Después de esto, su madre pronunció: -¿Qué quieres decirme con eso hija?
-Que me quedo aquí, mi hogar está con él.
-¿Pero se te ha ido la cabeza, pequeña? No eres consciente de lo que estás haciendo, y menos con ese chico, que no puedes saber quién es por tres meses que hayas pasado con él- medio llorando- Marta, por favor, vuelve a casa. Eres muy joven, aún no entiendes...
Silencio. Marta había colgado el teléfono.
Kevin la abrazó y le susurró: te quiero.
-Y yo.

Marta llevaba unos días ausente, evitando llamadas de su familia. Hasta que un día no pudo más y cogió el móvil.
-¿Qué quieres mamá?
-Vamos a verte, sólo quiero verte, soy tu madre.
En ese momento Marta se echó a llorar de alegría al pensar que sus padres lo habían aceptado, y más aún, porque iban a ir al pueblecito de playa a verla y a conocer al chico del que estaba completamente enamorada.
Kevin llegó a casa después de un largo día de trabajo, le dio un beso a Marta y ésta le dijo: Van a venir mis padres, amor.
La cara de Kevin cambió por completo, no le dio tiempo a pronunciar palabra porque sonó la puerta, eran ellos. Al abrir la puerta, los padres de Marta miraron a Kevin con la misma cara que éste les miraba a ellos.
Silencio.


“¿Nos enamoramos de la persona, o de la idea que tenemos de la misma?"
                                Continuará...


martes, 21 de febrero de 2017

TEXTO AMOR(O INTENTO)-LENGUA

CARTA INFINITA:
Sin promesas ni pactos.
Sabes que soy un poco de esto y un poco de lo otro. Que soy un desastre con motivo desconocido, despistada como yo sola, y loca a cada hora.
Podría nombrarte mil defectos que me caractericen, el problema es que sin ser consciente de ello a cada uno de estos los has llamado hogar.
Permíteme decirte que nunca se me ha dado bien querer a alguien. Que todos los que lo han intentado, han salido corriendo al ver dónde se metían. Y realmente, a ninguna de esas personas que un día entraron en mi vida les di pie a conocerme. Y ati tampoco pensaba dártelo ni por asomo. El primer día me pareciste tanto prepotente como subnormal, y me lo tome como un hola y adiós insignificante. Porque también e de decirte que disfrutaba de la soledad como una enana, y me encantaba.
El problema es que ahora me encantas tú, y nunca pensé que llegaría a decirte ati, precisamente ati, tal cosa.
Sin querer, fui conociendo partes de ti, buenas y no tan buenas, y me paré a pensar por un instante la idiotez premeditada que iba a cometer.
Me dejé llevar, sin promesas ni pactos, porque ya sabes cómo los odio.
Provocaste una rebelión, tanto en mi cama como en mí, y me dejé querer sin esperar nada a cambio.
Mi sorpresa fue cuando obtuve el cambio. Estás loco, despeinado y eres más imperfecto incluso que yo.
A día de hoy soy adicta a tu risa, y por eso quiero decirte que a pesar de no saber que escribirte:
Quiero que te pierdas,
Que te salgas,
Que te rebeles,
Que no me elijas
Pero que siempre que lo necesites,
Regreses a mí,
Para encontrarte.

Todas las veces que quieras, como si son infinitas. Con o sin tratado de paz, que más dará, tu ven aquí que te enseño a querer si no has aprendido todavía.

LENGUA: ASPECTO FÍSICO

Lo esencial es invisible a los ojos.
Recuerdo cuando mi abuelo me compro ese libro: el Principito.
Por aquel entonces no entendí el valor de éste, ya que para mí, sino se trataba de algún juguete repetía siempre la misma frase: esto no es regalo, jo.
Cuando crecí, me di cuenta de que cada año mi abuelo me regalaba un libro distinto aunque acorde a mi edad, con un significado oculto que esperaba que descifrase en el momento adecuado.

Dicho esto, veo oportuno darle las infinitas gracias por haberme hecho la persona que soy hoy en día. Estaré, sin duda, eternamente agradecida.

Hoy, especialmente, me gustaría reflexionar sobre el aspecto físico y de qué manera influye éste a la hora del trato con los demás o tener una relación con una persona.

Somos humanamente diferentes, tanto por nuestro carácter, apariencia física y demás cualidades. Y personalmente, me parece algo indudablemente precioso.
Pero como bien decía el Principito: lo esencial es invisible a los ojos.
Y siempre lo será, porque he observado como en pleno siglo XXI se rechaza a una persona porque esté gorda, tenga una nariz puntiaguda, ojos saltones, sea patilarga..Etc.
Parece que aquí el caso sea criticar sin ver la esencia del individuo. ¿Vas a cerrarle las puertas a una persona porque no sea agraciada? Te lo advierto, puede que te estés perdiendo el conocer a una persona alucinante.
Juzgar, juzgar y más juzgar, es patético, dime de lo que presumes y te diré de lo que careces.

Hay personas que se sienten rechazadas por la sociedad, hay personas que sufren bulimia o anorexia, hay personas que sufren. Y lo más triste de todo, es que sufren día tras día por contagiarse de una sociedad enfermiza.
Ya vale de tanto estereotipo y canones de belleza.
Ir a un desfile de modelos, de verdad, os incito a ello. Creedme si os digo que las mujeres que desfilan por esa pasarela están literalmente en los huesos, y creedme también que a las actrices les quitan músculo con photoshop, les arreglan esto y lo otro, y así continuamente. Hasta que son personas que no son.
Parece que nos hayan impuesto que una mujer para ser bella tiene que ser estremadamente delgada, con los labios gordos, unos ojos alucinantes y un kilo y medio de maquillaje sobre la cara.

A pesar de esto, no digo que tanto a hombres como mujeres les guste cuidarse para sentirse bien, lo único que he criticado es esta sociedad que día tras día hace que personas sufran por cosas que no deberían hacerlo.

El aspecto físico no me parece importante, me parece muy pero que muy secundario. Conozco el dicho de que una persona primero te tiene que entrar por los ojos, pues yo te digo: cierralos.
Eso con el tiempo se perderá, igual que una flor marchita. Pero una personalidad queridos, una personalidad nunca lo hará. Y si eso consigue enamorarte, te darás cuenta de que realmente lo esencial sí que es invisible a los ojos, pero no al corazón.

Aceptaté, quiereté, eres preciosa.