domingo, 19 de marzo de 2017

Querido Papá:

He mirado en el fondo de tus ojos.
He escuchado tu risa así como tus enfados.
Te he abrazo tan tan fuerte que todos mis miedos se han desvanecido de un plumazo entre sollozos.

Y hoy vengo a hablar de ti. Bueno, de ti y de mí, más bien.
No voy a contarte anécdotas de cuando tenía 5 años, te mentiría, porque aunque me gustaría, no las recuerdo como querría.
Sólo me vienen a la cabeza pequeños momentos en los que siempre estás presente. Y me encanta que seas tú y sólo tú, quien me ayude cuando yo no puedo.

Parón aquí, que vienen mis sustos(y los suyos):

Recuerdo hace cuatro años, una tarde como otra cualquiera en la que decidiste ir a ver una corrida de toros con mamá. Me ofreciste ir pero me negué a ello, no voy en contra de ellas pero es algo que prefiero no ver.
Volviendo al tema...ambos os dispusisteis a iros, era a las 5:30 cuando empezaba.
A las 5:35 una amiga tuya llamó a tu móvil.
Sí, papá, tu torpe hija se acababa de caer con los patines intentando ayudar a un niño y se había roto la muñeca. Irrumpí tu tranquila tarde y nos encontramos en el hospital. Te dije con tono irónico: mira qué de vueltas le doy, creo que podría acostumbrarme.
-Tranquila pequeña, esto acabará pronto. Se rió. Tuvo razón.

Hace casi dos años, 15 de mayo de 2015:
Hacía poco que practicaba atletismo en comparación con las otras chicas que llevaban desde los 6 años.
Yo tan sólo llevaba dos, y tenía en ese momento 14 años.
Era un día soleado, por la mañana, sobre las 12 o una cosa así.
Me disponía sobre mis tacos de salida a la espera del pistoletazo de salida y dar todo de mí en apenas unos segundos.
Sonó. Adrenalina. 100m. No es nada.
Podría haber sido una competición como otra cualquiera, pero por razón que desconozco, estaba más motivada que nunca.
50m. Segunda. A muy poco de alcanzar a la primera.
60m. ¡Zash!
Noté una extraña y muy dolorosa sensación en la cadera, tuve que pararme porque me era imposible seguir corriendo.
Mierda. Me cagué en Dios unos segundos. Esperé a que pasasen las demás e intenté andar unos pasos para salir de las calles y caer tendida al tartán.
Horas después estaba ingresada en la clínica de la federación. Rotura y desplazamiento de la pelvis. Mierda otra vez.
Las palabras de mi padre de nuevo: Tranquila, esto acabará pronto pequeña. Bajando al quirófano, un cura.
¿Que coño pinta aquí un cura?- pensé.
Pues bien, aunque suene a chirigota, no vino ni más ni menos que a darme la extrema unción(o como se escriba, que me da igual). De nuevo, me cagué en Dios, hablando en plata.
Ya podía acabar pronto papá, nunca antes estuve tan aterrada como en ese momento.
De nuevo tenía razón, salió bien dentro de lo que cabía.

Hace apenas unos meses:
-Papá, respiro raro.
-Vamos a Fuentes, igual no es nada.
Ir a Fuentes sólo sirvió para que me mandasen a casa otra vez.
Dos horas después, realmente, no podía respirar.
Mi padre volvió a parar en fuentes, no sé muy bien por qué no fue directo a Zaragoza.
Me pusieron una inyección en el culo y una mascarilla para respirar. Alergia.
El trayecto a Zaragoza fue duro, yo me ahogaba. Se me empezaron a poner los labios morados y mi cara, como yo, estaba muy cansada.
Puso en la ventanilla una tela, siempre lo hacía cuando iba al hospital conmigo. En ese momento repitió: Tranquila, esto acabará pronto pequeña.
Asentí casi sin poder.
Llegamos y me ingresaron.
A día de hoy son alérgica ni más ni menos que a 23 cosas. Y digo cosas porque ya me he perdido entre alimentos, pólenes y demás.
Pero de nuevo, mi padre tenía razón.

Hoy:
Gracias, infinitas.
Por haberme dado la mano y haberme dicho siempre la misma frase que me devolvía la vida.
Gracias por salvarme día a día y dejar que me equivoque sola y luego decir un: Te lo dije. (Típica puyita)
Por ser el hombre que eres y haberme hecho la mujer que soy. Por esto y mil cosas más, te quiero. Eres un superhéroe.
Espero que no tengamos que pasar por más momentos como esos, que sabes que soy un desastre con patas e imprevisible como yo sola. Pero tranquilo, tendré cuidado y daré esquinazo a cualquier miedo. Es fácil si te tengo al lado. Y sino, “tranquilo, todo acabará pronto pequeño”.

Feliz día, bonito.

1 comentario:

  1. Hala, qué chulo... Espero que al menos se lo hayas dejado leer...

    ResponderEliminar