martes, 27 de febrero de 2018

¿POR QUÉ NO EMPEZAMOS?

Fernando Barri definió una vez la utopía como aquello que se encontraba en el horizonte, un horizonte en el que si caminabas diez pasos, la utopía se alejaba otros diez. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para caminar.

¿Será que se nos ha olvidado caminar? ¿será que nos han manipulado de tal manera que sólo vemos aquello que desde ahí arriba quieren que veamos? ¿será que nos hemos acomodado y se nos ha olvidado que siempre hemos tenido y tendremos la capacidad de transformar todo aquello por lo que luchemos?
Creo plenamente que nos estamos cargando un mundo en el que tenemos derecho a soñar. Un mundo en el que están predominando los delitos por estupidez.
Tal vez el problema sea la comodidad, pero ¿realmente estamos cómodos dentro de un sistema educativo colonial que nos prepara para obedecer, trabajar y gestionar el estrés? ¿están fomentando o no, nuestra creatividad? Quizá al escuchar esta palabra podemos pensar, ¿realmente importa la creatividad? La misma hace referencia a nuestra capacidad de innovar e imaginar soluciones nuevas ante situaciones inesperadas, así que a partir de este hecho, que cada cual saque sus propias conclusiones. La mía desde luego es que la curiosidad es el inicio de la creatividad, y si no somos capaces de ser creativos, ¿cómo vamos a poder imaginar siquiera una utopía si nos conformamos con aquello que se nos esta enseñando? ¿nos están manipulando? Revélate. Necesitamos a gente que nos llene de ganas, que tenga las mismas que nosotros de revolucionarnos contra lo impuesto por un gobierno que habla mucho y no dice nada. Un gobierno corrupto que se esconde justo detrás de nosotros, sigiloso, casi imperceptible, para tapar todo aquello que no le conviene; ¿Será que las revoluciones siguen produciéndose, solo que de manera distinta, casi silenciosa, hasta que ya no nos queden ojos para verlas? Es una manera poética de decir que sí que las hay, pero también hay quien se encarga de ocultarlas. ¿Por qué?
Quizá es difícil llevar a cabo una revolución. Pero si a lo largo de la historia conocemos revoluciones como la de Haití, una guerra entre Francia y Gran Bretaña en la cual Francia acabó dándole la libertad a sus esclavos y todo culminó con la obtención de sus anhelados derechos civiles; la primavera árabe, que comenzó con una serie de protestas y revueltas en torno a los gobiernos dictatoriales del propio país; la revolución cubana, de la que surgieron dos figuras mundialmente conocidas hoy en día, el Che Guevara y Fidel Castro; la revolución china, en la que se proclamó finalmente una república; la norteamericana, en la que trece colonias se revelaron contra el poder británico y decidieron que serían libres; la revolución de octubre que acabó definitivamente con el zarismo; la revolución francesa en la cual se tomó la Bastilla y supuso la caída de la monarquía. ¿Existen o no existen revoluciones?
Sí que es cierto que este mundo parece más revolucionado que revolucionario; todo va muy deprisa desde la habitualidad, pero no hay verdaderos cambios. ¿Será que ha entrado en crisis la imaginación como productora de utopías? ¿Ha entrado en crisis la utopía misma? Ya no existen facilidades apreciables para concebir ideas, proyectos o creaciones innovadoras; insisto, ¿será que nos hemos acomodado a lo que tenemos? ¿acaso nos gusta? ¿acaso crees que todo el mundo(hablando desde el ámbito escolar, social…) te dice la verdad?
Creo que muchas personas apelan a la faceta emotiva para convencerte de algo, porque si afecta a tu estado emocional, lo tomas inconscientemente como cierto. Las emociones tienen más fuerza de la que podemos imaginar y determinan la mayor parte de nuestra conducta, modo de pensar… Es por esto, como he dicho antes, que muchas personas apelan a provocar emociones en nosotros porque saben que así, tendrán prácticamente “la partida ganada”. ¿No habéis escuchado alguna vez un discurso que os ha parecido tan impresionante como convincente y luego le habéis dado una vuelta de tuerca y sus argumentos se caían por sí solos? Tocan nuestras emociones, juegan con ellas a su antojo, porque saben que nada nos hace sentirnos tan humanos como las mismas; pero si reflexionas sobre el tema y la información recogida pasa por tu hemisferio racional, lo ves desde otra perspectiva, qué curioso. Y siendo que  somos libres de dudar de absolutamente todo, ¿no deberíamos hacerlo? En vez de creernos algo sin analizarlo, ¿no deberíamos procesarlo primero por nuestro mecanismo racional?, porque sino, nos están de nuevo manipulando, o al menos, esa es mi percepción.
Antes he afirmado que somos libres, y me gustaría diferenciar dos tipos de libertad incluidos en la Declaración Universal de los Derechos del hombre y compararlos con este tema: por una parte; la libertad de pensamiento, y por otra, la libertad de expresión. La libertad de pensamiento es un derecho fundamental por el cual las personas somos libres de decidir cómo nos enfrentamos a los problemas de la sociedad y la vida en general; y la libertad de expresión, cómo expresamos nuestra libertad de pensamiento frente a los demás(esta proviene de la libertad de prensa, de dar opiniones contrarias al gobierno). Creo firmemente que dentro de nosotros hay ideas revolucionarias, hay disconformidad y un sinfín de ganas de cambiar, o al menos, esa es mi apreciación; pero parece que el problema pasa a darse en la libertad de expresión, viendo como aunque haya gente que no esté a gusto dentro de este sistema, no expresan esas ideas, sino que se las guardan para sí mismos. Y esto, ¿por qué? Hay quien diría que es por miedo, otros por comodidad, y la verdad es que no creo que estas ideas vayan tan desencaminadas.
A ver, ¿los políticos mandan muy bien o nosotros dejamos que parezca que lo hacen bien porque no llevamos muchas veces verdaderamente a cabo nuestra libertad de expresión? Hay mucha gente que cuando tienen lugar las elecciones no vota; es más, he llegado a escuchar: “No voto; y la razón es sencilla, lo van a hacer igual de mal unos que otros” pero guardas silencio, guardas el mismo silencio que los gobiernos para que no salga a la luz aquello que ellos no quieren que salga. ¿Por qué callan tanto unos como otros? Tal vez sea que los cuidadanos temen a ese alto poder, y de la misma manera que temen ellos, también lo hacen los políticos, porque están tan a gusto donde están, que harán todo lo que esté en su mano por permanecer ahí, justo ahí, donde casi ya no tengamos ojos para distinguirlos. ¿Y si realmente temen que pasemos de ser un mundo revolucionado a uno revolucionario que les haga levantarse de su posición? ¿Qué pasaría si además de pensar en nuestras utopías las compartiésemos? Realmente prefiero pensar que todo esto es por miedo, porque como realmente sea por pura comodidad, nos estamos cargando la humanidad.
Nos manipulan porque les interesa y nos dejamos, nos acomodamos y desde fuera parece que no seamos capaces de luchar por nuestras utopías; por favor, no me digáis que esto es cierto.

Desde mi postura, defiendo el crear una revolución de acciones en vez de palabras, empezando por la revolución de las pequeñas cosas, ser lo opuesto a lo silencioso e imperceptible. Y creo que no hay mejor manera de cambiar este mundo revolucionado en uno revolucionario que apelar a nuestras utopías, a todas, creyendo en ellas. Como bien dijo Fernando Barri, la utopía sirve para caminar, así que, ¿por qué no empezamos a caminar, haciéndonos notar, creyendo en nosotros mismos y dudando del resto?
“Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia”.
Nuestras utopías servirán para caminar, pero el mero hecho de cambiar el mundo, no se tratará de una utopía, sino de justicia.
¿Por qué no empezamos?


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